EL FUTURO NO EXISTE. LA EDUCACIÓN DEBE AYUDAR A INVENTARLO, SUMANDO LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
por Horacio Krell (*)

El futuro no existe. No está dado ni escrito en ninguna parte. Y precisamente por eso
puede ?y debe? ser inventado. Esta afirmación vale tanto para las personas como para
las sociedades. Anticipar no es adivinar: es decidir hoy con conciencia de cuáles serán
mañana sus consecuencias.
La capacidad de anticiparse está en el corazón de lo humano. Decidir por cuenta propia
es una facultad inherente a nuestra condición, aunque no podamos eludir los efectos de
esas decisiones. Saber dónde estuvimos, dónde estamos y hacia dónde queremos ir es la
base del pensamiento creativo y estratégico. La pregunta decisiva no es qué va a pasar,
sino qué vamos a hacer para que pase.
Anticipar es una habilidad entrenable
Anticipar consiste en representar mentalmente un hecho antes de que ocurra y actuar en
consecuencia. En el deporte, permite intuir una jugada antes de que se ejecute. En la
retórica, refutar una objeción antes de que aparezca. En la ciencia, detectar señales
tempranas ?biomarcadores? que anticipan una enfermedad antes de que se
manifieste. En todos los casos, la lógica es la misma: ver antes para decidir mejor.
Sin embargo, esta capacidad suele estar adormecida. Nuestro cerebro está más
preparado para reaccionar que para prevenir. La cultura de la urgencia ?el ?time is
money?? empuja a resolver lo inmediato y a postergar lo importante. Así, muchas
oportunidades se pierden no por falta de recursos, sino por falta de visión.
La miopía del presente
La dificultad para diferir la gratificación es una forma de miopía del futuro. Estudios
clásicos muestran que quienes logran postergar una recompensa inmediata suelen
alcanzar mayor bienestar a largo plazo. El lóbulo frontal ?sede de la planificación y la
toma de decisiones? es clave en este proceso. Cuando falla, como en el célebre caso de
Phineas Gage, la vida se desordena.
La buena educación es, por definición, una apuesta contra esa miopía. Es un esfuerzo
presente que mira al porvenir propio y colectivo. A escala social ocurre lo mismo: no
anticipar riesgos revela incapacidad para aprender del pasado y proyectar escenarios
posibles.
La educación actual, en general, no enseña a aprender ni ayuda a usar el cerebro como
una brújula para pensar con autonomía, en lugar de quedar dirigido por el radar de la
sociedad de consumo. Para revertirlo, es indispensable dotar a los alumnos de métodos
de procesamiento de la información. Como advirtió Nietzsche, ?la mayor riqueza del
hombre son sus métodos?.
En ese sentido, el método ILVEM propone un entrenamiento integral de las capacidades
humanas: observación, lectura veloz y comprensiva, técnicas de estudio, análisis y
síntesis de la información, memorización, oratoria, redacción y pensamiento creativo y
estratégico. No se trata de acumular datos, sino de aprender a pensar con ellos.
Trabajo, inteligencia artificial y el error de mirar solo el hoy
La inteligencia artificial y la robótica reemplazarán progresivamente muchas tareas
humanas. Negarlo no evita el impacto. La verdadera pregunta es cómo nos preparamos.
Pensar el futuro del trabajo exige ir más allá del empleo inmediato e incorporar en la
educación una mirada de mediano y largo plazo.
Las industrias creativas ?audiovisual, diseño, contenidos digitales, artes y turismo
cultural? serán un motor central de las economías futuras. Transforman ideas en valor,
articulan sentido y construyen identidad. Pero también esconden trampas: romantizar el
?emprendedurismo? puede encubrir precarización si no existen políticas educativas y
productivas que lo sostengan.
La educación como industria estratégica
La educación es la industria pesada de una nación: fabrica a los ciudadanos del futuro.
No alcanza con más años de escolaridad; importa qué y cómo se aprende. Las
evaluaciones internacionales muestran que mejorar aprendizajes clave ?lectura,
matemática y ciencias? tiene un impacto directo en el crecimiento económico.
Los países que apostaron sostenidamente al conocimiento lo demuestran. Corea del Sur
multiplicó su ingreso per cápita gracias a inversión educativa, investigación y calidad
docente. No fue casualidad: fue anticipación.
Hoy, las habilidades decisivas combinan tres tipos de inteligencia:
? Científica, para comprender y diseñar tecnología.
? Creativa, para imaginar lo nuevo y darle sentido.
? Social, para liderar, cooperar y convivir.
La inteligencia artificial ya ocupa territorios que antes parecían exclusivos de la mente
humana. Persistir en una educación basada en la repetición es preparar para un mundo
que ya no existe.
IA, poder y democracia: anticipar también es gobernar
La inteligencia artificial no solo automatiza tareas: configura el futuro. Y hoy son muy
pocos quienes deciden cómo. Un puñado de empresas concentra el cómputo, los
modelos y la infraestructura. Muchas decisiones se toman en silencio y se presentan
como hechos consumados.
Tratar la IA únicamente como una carrera por la velocidad y la dominación geopolítica
es un error estratégico y democrático. No se trata de frenar la tecnología, sino de
decidir en público qué inteligencia artificial queremos y bajo qué condiciones.
Transparencia, rendición de cuentas y control institucional no son obstáculos: son
garantías de futuro.
Inventar el futuro
Anticipar no es ser reactivo ni temeroso. Es ser proactivo, flexible y ético. El buen
anticipador no defiende dogmas: ajusta el rumbo, aprende del error y corrige a tiempo.
No mira dónde está la pelota, sino dónde va a estar.
El futuro no existe. Pero se construye todos los días. Si no lo inventamos nosotros
?desde la educación, la política y la cultura? alguien más lo hará por nosotros. Y casi
siempre, será demasiado tarde para cambiarlo.
(*) Director de ILVEM. Mail de contacto horaciokell@ilvem.com o +5491180310301