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EL FIN DEL EMPLEO: HACIA UNA NUEVA ECONOMÍA DEL TRABAJO Y LA LIBERTAD

por Horacio Krell*




???EL FIN DEL EMPLEO: HACIA UNA NUEVA ECONOMÍA DEL TRABAJO Y LA LIBERTAD


Por Horacio Krell *

El Fin del Empleo

Vivimos una paradoja: mientras hay mucho trabajo por hacer, el empleo se desvanece. Esta transformación no es nueva. El concepto de empleo (jab) surgió con la Revolución Industrial como una forma de generar ingresos trabajando para otros. En cambio, el trabajo (work) es aquello que hacemos por vocación o pasión. Sin embargo, pocos tienen el privilegio de dedicarse a lo que realmente aman, aunque quienes lo logran suelen destacarse significativamente.

Trabajo o empleo: ¿Dónde está usted?

Una pregunta sencilla puede revelar en qué lado se encuentra: ¿Seguiría haciendo lo que hace si tuviera garantizada su independencia económica? Si la respuesta es no, es probable que su productividad y satisfacción personal estén comprometidas.

El desempleo disfrazado

Hoy, el desempleo no solo se mide en cifras. Se oculta tras bajos salarios, empleos temporales o políticas asistencialistas. Incluso en Japón, donde alguna vez prevaleció el empleo de por vida, esta práctica está desapareciendo. La tecnología ha acelerado esta tendencia. Desde la reingeniería empresarial hasta la automatización, millones de empleos se pierden cada año y no son reemplazados al mismo ritmo.

Las empresas recurren a estrategias como la tercerización, la deslocalización y la precarización para reducir costos, lo que debilita el vínculo tradicional entre empleadores y empleados. Mientras tanto, los avances tecnológicos permiten producir más con menos personas, redefiniendo la naturaleza misma del trabajo.

La disrupción tecnológica y el empleo

En el siglo XIX, la mayoría de las personas trabajaban en la agricultura. Hoy, menos del 3% de la población mundial alimenta a todo el planeta. Este cambio marca una tendencia irreversible: la tecnología no solo reemplaza al trabajo físico, sino también al cognitivo, gracias a la inteligencia artificial.

El problema es que, a diferencia del pasado, las personas despedidas tienen dificultades para reciclarse en nuevos sectores. La especialización, que antes era una ventaja, hoy puede convertirse en una trampa. Sin empleo, las familias pierden ingresos, se rompe el ciclo de consumo y producción, y emergen consecuencias como la exclusión social, la depresión y la violencia.

¿Una solución en las monedas complementarias?

El sistema monetario tradicional, basado en la competencia, ha demostrado ser una prisión para la imaginación. En contraste, las monedas complementarias, que surgen en épocas de crisis, promueven la cooperación y generan capital social. Estas monedas permiten a las comunidades intercambiar bienes y servicios sin depender del dinero convencional, como lo demuestran ejemplos históricos en Texas y Suiza.

Las monedas complementarias resuelven problemas que ni el trueque ni el sistema monetario tradicional pueden abordar. Al personalizar las transacciones, fomentan la reciprocidad y la solidaridad, en lugar de perpetuar la competencia despiadada.

El futuro del trabajo humano

La llegada de la inteligencia artificial y los robots plantea un desafío existencial. En la actualidad no solo realizan tareas mecánicas, sino también cognitivas, lo que podría desintegrar el tejido social al reemplazar al ser humano en tareas que hoy realiza.

Frente a esta realidad, surgen propuestas como el ingreso básico universal, que garantizaría una subsistencia mínima mientras redefine el propósito del trabajo humano.

El trabajo no es solo una fuente de ingresos; es un elemento esencial de nuestra humanidad. A medida que las máquinas avanzan, el reto no es competir con ellas, sino reinventar lo que significa trabajar. El amor, la empatía y el cuidado son cualidades humanas que las máquinas no pueden replicar.

Hacia una nueva era de libertad

El fin del empleo podría ser una oportunidad para construir un nuevo contrato social que valore actividades esenciales como el cuidado de los seres queridos, la educación y el voluntariado. Este modelo permitiría a las personas moverse en dos esferas: la necesidad (satisfacción de lo básico) y la libertad (creación y autorrealización).

La tecnología debe liberar tiempo, no esclavizarlo. Las políticas públicas deben dejar de centrarse en generar empleo y enfocarse en garantizar las necesidades básicas, permitiendo que cada ser humano dedique su tiempo a lo que realmente desea.

La verdadera riqueza del futuro será el tiempo libre. Habitarlo de manera plena y significativa puede abrir nuevas formas de vivir y convivir, trascendiendo los límites del sistema económico actual.

*Director de ILVEM. Mail de contacto horaciokrell@ilvem.com o al +5491154224742.