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LA VIDA ES UN SUEÑO: CUANDO LA MENTE IMAGINA, CREA Y ANTICIPA

por Horacio Krell (*)


Dormir, soñar, existir

Dormir es una experiencia universal. Incluso quien vive privado de libertad puede,

mientras duerme, sentirse libre. Durante el sueño el cerebro no se apaga: atraviesa ciclos

de unos 90 minutos que combinan fases de sueño lento y profundo con otras de sueño

rápido. En estas últimas, el cuerpo permanece inmóvil mientras la actividad cerebral se

acelera y los ojos se mueven con rapidez. Es el llamado sueño REM.

Esa disociación entre un cerebro activo y un cuerpo en calma explica por qué Calderón

de la Barca escribió: «¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción». Porque

la vida es un sueño y los sueños sueños son. En el sueño, como en el teatro, la realidad

se suspende.


El sueño REM: lógica suspendida, emociones en primer plano

En el sueño REM los hechos no obedecen a la lógica ni al tiempo. La memoria y la

imaginación construyen escenas donde dominan las emociones. Son relatos personales,

intensos, a veces absurdos, pero absolutamente reales para quien los vive. Por eso el

sueño puede considerarse una forma particular de conciencia.

Mientras la vigilia se rige por los límites de la realidad, el sueño avanza por caminos

que no controla la voluntad. El inconsciente dirige la trama.


¿Para qué soñamos?

Dormir cumple funciones vitales: limpia desechos metabólicos, equilibra sistemas

hormonales e inmunológicos y consolida la memoria. Durante la noche, la mente repasa

la experiencia diaria, archiva lo relevante y descarta lo superfluo. Dormir bien es

condición del bienestar diurno.

Pasamos cerca del 30% de la vida durmiendo y alrededor del 10% soñando. No es

tiempo perdido: es tiempo de preparación, aprendizaje y reorganización.

Soñar despiertos: la imaginación en vigilia

Existe también un ?sueño diurno?: la ensoñación consciente. Aquí el sujeto es guionista

y director de la historia. No abandona la realidad, pero la reinterpreta. Esta fantasía

voluntaria permite proyectar, anticipar y ensayar futuros posibles.


Sueños lúcidos: entre dos mundos

En los sueños lúcidos, la persona sabe que está soñando y puede intervenir en el

desarrollo del sueño. Puede volar, observarse desde fuera o modificar la acción.

Predominan las emociones, pero hay conciencia y decisión.


Este fenómeno ocurre en el sueño REM. Puede surgir de manera espontánea o

entrenarse mediante técnicas como la meditación. Una experiencia frecuente de sueño

lúcido aparece cuando, en medio de una pesadilla, el soñante toma conciencia y logra

escapar de ella.


El sueño como creador de conocimiento

Muchos avances nacieron en sueños. Arquímedes resolvió el problema de la corona al

observar, mientras se bañaba, el desplazamiento del agua. August Kekulé soñó una

serpiente que se mordía la cola y comprendió así la estructura circular del benceno,

fundamento de la química orgánica moderna.

El hemisferio lógico se retrae durante el sueño; el creativo opera sin censura. Por eso

?consultar el problema con la almohada? no es una metáfora ingenua, sino una

estrategia cognitiva.


Aprender a soñar

El sueño creativo suele activarse cuando existe un problema no resuelto y un deseo

intenso de resolverlo. Conviene anotar las ideas apenas al despertar: en segundos

pueden desvanecerse. Llevar un diario de sueños ayuda a recordarlos, comprenderlos y,

en parte, orientarlos.

Soñar sirve para crear, resolver conflictos, conocerse y liberar potencias ocultas. Como

decía Walt Disney: «Si lo puedes soñar, lo puedes hacer».


El significado de los sueños

Desde el psicoanálisis, el sueño expresa un deseo inconsciente que no pudo realizarse en

la vigilia. El contenido recordado es solo la superficie; el sentido profundo permanece

oculto. Los sueños recurrentes o traumáticos indican conflictos no resueltos que

requieren elaboración.

Un buen sueño armoniza lo placentero con lo perturbador y asegura el descanso. Los

más emocionales se recuerdan mejor, aunque el yo intente olvidarlos.


Soñar, crear, proyectar

El sueño conecta con el arte y la creación. Crear implica traducir asociaciones en ideas:

un verdadero trabajo de parto. Al disminuir los bloqueos racionales, el deseo encuentra

caminos nuevos.

El futuro no existe: se inventa. Por eso soñar, imaginar y proyectar no es escapar de la

realidad, sino prepararse para transformarla. El futuro se habita cuando se logra

convertir en presente.


Un cierre necesario


Las sociedades también sueñan. Cuando pierden un proyecto común, se refugian en

ilusiones estériles. Un país educado no puede ser engañado. Donde la política se apoya

en método, responsabilidad y educación, el sueño colectivo se vuelve posible.

Aprender a leer fue el sueño más hermoso que cumplió la humanidad. Aprender a soñar,

pensar y crear puede ser el próximo. Porque con otro sueño, lo que parecía imposible

termina volviéndose inevitable.


(*) Director de ILVEM. Mail de contacto horaciokell@ilvem.com o +5491180310301