MALASIA Y SU VERDADERA VENTAJA EN LA ERA DE LA IA No gana quien crea la inteligencia artificial, sino quien construye el lugar donde la IA puede crecer. por Horacio Krell (*)

1. De las torres visibles a la infraestructura invisible
Durante décadas, el desarrollo de un país se medía por lo que se veía: edificios,
carreteras, símbolos.
Malasia supo jugar ese juego. Las Torres Petronas en Kuala Lumpur fueron, en su momento, una declaración de ambición: mostrarse al mundo.
Pero hoy está construyendo algo mucho más estratégico.
El verdadero poder ya no está en lo visible, sino en lo invisible: datos, cómputo,
energía, conectividad y talento.
Mientras otros compiten por desarrollar modelos de inteligencia artificial, Malasia
eligió otro lugar en el tablero: ser el territorio donde la IA se entrena, escala y se vuelve negocio.
2. El nuevo mapa del poder tecnológico (y el efecto Singapur)
La ventaja ya no está solo en crear algoritmos, sino en controlar cuatro capas críticas:
? Infraestructura (data centers, energía, GPUs)
? Soberanía digital (cloud local, datos propios)
? Talento (formación masiva en IA)
? Ecosistema (startups + grandes tecnológicas)
Malasia avanzó simultáneamente en las cuatro .Pero además supo leer una oportunidad regional clave: las limitaciones regulatorias y energéticas de Singapur.
Mientras Singapur restringía la expansión de data centers por consumo energético y espacio, Malasia ?especialmente Johor? se convirtió en el destino natural del ?overflow? tecnológico.
No compitió frontalmente. Absorbió lo que el líder no podía sostener.
Así se posicionó como nuevo hub del sudeste asiático, atrayendo a los grandes jugadores globales.
3. La IA como infraestructura? y como consumo energético
El cambio más profundo es conceptual.
La IA dejó de ser una herramienta para convertirse en infraestructura económica, como la electricidad o Internet. Pero hay una consecuencia crítica:
la IA consume enormes cantidades de energía.
Los centros de datos, el entrenamiento de modelos y el uso masivo de IA están redefiniendo la geopolítica energética. Esto abre una nueva tensión:
? países que lideran IA
? vs. países que pueden sostener su demanda energética
En este contexto, la estrategia de Malasia incorpora una dimensión clave:
invertir en capacidad energética y proyectarse hacia energías más eficientes y
renovables. Porque en la próxima etapa, no alcanzará con tener datos o talento: habrá que poder alimentar la inteligencia.
4. Geopolítica, riesgos y el dilema ético
La expansión de la IA no ocurre en el vacío.
Conflictos internacionales ?como las tensiones en Medio Oriente? muestran que la tecnología, la energía y la seguridad están cada vez más entrelazadas.
La IA puede ser motor de desarrollo? o instrumento de conflicto.
Por eso aparece un nuevo eje estratégico:
el uso ético y no militar de la inteligencia artificial.
Malasia comienza a incorporar marcos regulatorios que apuntan a:
? proteger datos
? garantizar seguridad digital
? limitar usos inapropiados
El desafío global no es solo crecer en IA, sino definir para qué se la utiliza.
5. El rol del Estado: dirección, no improvisación
Nada de esto es casual. Hay decisiones estratégicas claras:
? Plan nacional de IA con horizonte 2030
? Inversión en infraestructura digital y energética
? Construcción de marcos regulatorios y éticos
El Estado no compite con el mercado. Lo orienta y le da previsibilidad.
6. El verdadero diferencial: financiar lo intangible
Uno de los puntos más relevantes ?y menos visibles? es cómo Malasia resolvió un
problema estructural:
Las empresas de IA no tienen activos físicos.
Tienen conocimiento.
El sistema financiero tradicional no sabe financiarlas.
La respuesta fue evolucionar:
? valorar propiedad intelectual
? financiar innovación sin garantías tradicionales
? permitir escalar sin perder control
Esto es decisivo: sin financiamiento adecuado, no hay ecosistema de IA posible.
7. Qué pueden aprender los países con menos recursos
Este es el punto más transferible.No todos pueden invertir miles de millones.
Pero sí pueden tomar decisiones inteligentes:
1. Elegir un rol en la cadena de valor
No competir en todo, sino especializarse.
2. Formar talento antes que infraestructura
El conocimiento es el recurso más accesible.
3. Aprovechar tensiones globales
Como hizo Malasia con Singapur.
4. Adaptar el sistema financiero
Financiar ideas, no solo activos.
5. Integrar energía e IA como estrategia conjunta
Sin energía, no hay desarrollo tecnológico posible.
6. Apostar por una IA ética y aplicada
En salud, educación y productividad real.
8. Conclusión
Malasia no lidera la inteligencia artificial.
Pero entendió algo más importante:
el mejor lugar en la era de la IA no es donde se la inventa, sino donde puede crecer? y sostenerse.
En un mundo donde la tecnología tiende a concentrarse,
la oportunidad de muchos países no está en competir,
sino en volverse indispensables dentro del ecosistema.
La próxima potencia no será la que tenga más inteligencia artificial, sino la que haya construido el mejor entorno ?tecnológico, energético y ético? para que esa inteligencia ocurra.
(*) Director de ILVEM. Mail de contacto horaciokell@ilvem.com o +5491180310301